En esta entrevista, se analiza cómo la tercera generación asume el liderazgo empresarial respetando el tiempo, el legado y al equipo, entendiendo que crecer no es romper con el pasado, sino adaptarlo al presente. Alejandro Fondeur comparte una visión de liderazgo construida desde el trabajo, la preparación y la escucha.
“El trabajo hay que ganárselo”, afirma, recordando cómo desde pequeños los veranos en la empresa formaron una cultura de esfuerzo, responsabilidad y respeto por cada rol.
Gobierno corporativo y transición generacional
Con casi 70 años de historia, el grupo familiar inició hace más de una década un proceso estructurado de transición de la segunda a la tercera generación. A través de asesorías en gobierno corporativo y familias empresarias, se establecieron reglas claras: protocolo familiar, requisitos de entrada y meritocracia.
“Si un familiar entra a la empresa, tiene que cumplir condiciones”, explica. Esa visión implicó formarse fuera, adquirir experiencia y regresar con competencias probadas.
Formarse antes de liderar
Fondeur recorrió múltiples áreas: almacén, mecánica, inventarios, obra, compras, contabilidad y finanzas, hasta consolidarse en desarrollo inmobiliario. El crecimiento fue progresivo: analista, director regional, director nacional y luego responsabilidades ejecutivas en empresas clave del grupo.
Ese recorrido permitió comprender el negocio de forma integral antes de asumir decisiones estratégicas.
Liderar escuchando y delegando
Su concepto de liderazgo se apoya en escuchar, confiar y delegar. No se trata de imponer una visión, sino de construirla en equipo, con mentores diversos y objetivos compartidos.
“El equipo decide hacia dónde ir”, sostiene, destacando que el rol del líder es articular, no centralizar.
Respetar el legado y adaptarse al cambio
El respeto por lo construido es fundamental, pero también lo es entender que los tiempos cambian. El reto de la tercera generación es mirar al largo plazo, adaptar procesos y responder a las necesidades reales del mercado actual sin perder la esencia.
Cumplir la palabra como diferenciador
Más allá de la estrategia, el mayor diferenciador es cumplir lo prometido. Hablar con la verdad, corregir a tiempo y hacer bien las cosas forma parte del sello de esta nueva etapa.
Un legado compartido
El objetivo empresarial es claro: crecer el patrimonio con una visión a 10 años. El legado personal, también: construir equipos, asociarse cuando haga sentido y generar valor compartido.
“Que todos sientan que aportan y que ganan en el camino”, concluye, resumiendo una forma de liderar donde el respeto, el tiempo y el equipo van de la mano.
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