En esta entrevista, se analiza cómo la resiliencia y el liderazgo femenino pueden convertirse en motores reales de la transformación empresarial, especialmente en contextos de cambio generacional, crisis y crecimiento acelerado. Lisbeth Jerez comparte una historia marcada por el aprendizaje continuo, la toma de decisiones difíciles y la construcción de una identidad propia dentro de un sector tradicionalmente dominado por hombres.
“Si puedo aprender de la experiencia del otro, me ahorro muchísimo tiempo”, afirma, resaltando el valor de escuchar, observar y rodearse de personas que ya han recorrido el camino.
Un negocio que nace desde el comercio tradicional
La historia empresarial comienza con Casa Hermanos Heres, fundada por su padre a partir de un colmado en Villa Francisca que luego se expandió a múltiples puntos de venta. El crecimiento natural del negocio llevó a la creación de un almacén para suplir sus propios colmados, que más adelante se transformó en una empresa distribuidora para terceros.
Lisbeth se integra de manera formal alrededor del año 2010, aunque desde niña estuvo vinculada al negocio. A partir de ahí inicia una etapa de expansión hacia nuevas líneas: representación de marcas, mini markets y el desarrollo de Heres Gran Abasto, un modelo tipo cash & carry con un enfoque disruptivo para el mercado dominicano.
Liderar en un entorno dominado por hombres
Ingresar a espacios de decisión no fue sencillo. En reuniones clave, asumían que ella no era quien tomaba las decisiones y dirigían las preguntas a hombres con menor rango. “Yo tenía que decir: no, estoy aquí, yo soy la persona que toma la decisión”, recuerda.
Como mujer de segunda generación en el comercio, tuvo que demostrar el doble: más preparación, más estudios y más resultados. Ese esfuerzo constante fue lo que le permitió, con el tiempo, ganarse un nombre y un lugar propio dentro del sector.
Autocuidado y liderazgo consciente
Más allá del negocio, Jerez enfatiza la importancia de cuidar la salud física y mental. El liderazgo exige energía, claridad y estabilidad emocional. “Si uno no se cuida a sí mismo, no va a poder cuidar al equipo ni a la empresa”, sostiene.
Ese trabajo personal ha sido clave para evolucionar su estilo de liderazgo, entender cómo era percibida por su equipo y trabajar conscientemente en la forma de comunicarse y relacionarse.
La crisis que lo cambió todo
El mayor reto llegó en 2018, cuando un incendio destruyó por completo el principal centro de distribución. En cuestión de semanas, la empresa tuvo que comenzar desde cero: alquilar un nuevo local, reorganizar operaciones y tomar decisiones difíciles sobre el personal.
De esa crisis nació una oportunidad. Manteniendo la empresa matriz, surgió Heres Gran Abasto, un proyecto que permitió rediseñar procesos, modernizar el modelo de negocio y materializar ideas que antes no podían implementarse por limitaciones estructurales.
“Del peor momento de nuestras vidas salió la mejor oportunidad”, afirma.
Aprender a liderar con el tiempo
Mirando hacia atrás, Lisbeth reconoce que la juventud y la prisa también generaron errores costosos. “Del dicho al hecho hay un estrecho”, reflexiona, señalando que el conocimiento teórico necesita tiempo y contexto para aplicarse correctamente.
Hoy, con mayor madurez emocional y profesional, valora el proceso de introspección, la formación en liderazgo y el trabajo interno como pilares para liderar una transformación generacional sostenible.
Su visión hacia el futuro es clara: seguir creciendo, replicar modelos exitosos y aplicar cada aprendizaje acumulado. Con resiliencia, autoconocimiento y propósito, el liderazgo femenino se consolida como una fuerza clave para construir empresas más sólidas, humanas y preparadas para el cambio.
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