Desarrollar hábitos sólidos en relación con tu forma de trabajar, incluyendo cómo te sumerges en tareas profundas y concentradas, puede marcar la diferencia en tu vida y en tu manejo del tiempo.
¿Por qué es tan importante? Las rutinas consistentes proporcionan estructura a nuestros días y fortalecen nuestra sensación de control. Nuestro cerebro se adapta a seguir secuencias de acciones y eventualmente las ejecuta casi en piloto automático.
Un ejemplo claro de este fenómeno es cuando aprendemos a conducir: después de unos meses, encendemos el automóvil, nos abrochamos el cinturón, soltamos el freno y ajustamos los espejos sin pensar demasiado en ello.
Lo mismo sucede con tus hábitos de productividad si mantienes una coherencia en cuanto al momento y lugar en que realizas tu trabajo. Si te dedicas a tareas profundas y concentradas durante el mismo período del día, digamos de 10 a. m. a medianoche, con el tiempo este hábito se arraigará y se volverá más automático, incluso en los días en que no estés en tu mejor momento.
Sin embargo, esto solo ocurre si tienes hábitos bien establecidos y consistentes. Si a veces te dedicas a tu trabajo concentrado a las 10 de la mañana y otras veces intentas hacerlo a la 1 de la tarde, no aprovecharás al máximo los beneficios que ofrecen los hábitos para reducir la necesidad de disciplina.
Tareas libres de plazos ajustados
Enfrentar las tareas con plazos de entrega muy ajustados puede parecer la opción más lógica y evidente, pero si te limitas a lo que está frente a ti, es probable que sientas una falta de control en general.
Por otro lado, cuando te ocupas de pequeñas tareas importantes que no tienen una fecha límite específica pero que necesitas hacer de todos modos, experimentarás una sensación de estar manejando eficazmente tu vida. Dedica tiempo regularmente a este tipo de pequeñas tareas administrativas.
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Ya sea responder a un correo de un colega sobre una colaboración que aún está a semanas de distancia o finalmente programar esa cita con el médico o el terapeuta, estas tareas administrativas pueden crear una carga mental considerable.
Tienes en mente que «Debería hacer eso pero no lo hago», y estas ideas siguen revoloteando en tu cabeza. Las tareas pendientes que se arrastran de un día a otro no te hacen sentir bien.
Por ejemplo, si te das cuenta de que solo eres realmente productivo cuatro días a la semana, acepta esa realidad en lugar de luchar contra ella. Si los viernes encuentras que solo puedes hacer llamadas telefónicas y ver qué sucede, sé honesto contigo mismo al respecto.
Experimenta organizando tu agenda de acuerdo con tus propias limitaciones y ritmos naturales (por ejemplo, realiza las tareas más importantes de lunes a jueves) en lugar de criticarte por tus supuestas deficiencias en concentración y disciplina.
Utiliza una mente desconcentrada
Una gran parte de por qué el trabajo puede parecer abrumador radica en la falsa creencia de que debemos mantenernos concentrados y libres de distracciones todo el día. Esta expectativa no solo es irreal, sino que tampoco es necesaria ni deseable, especialmente cuando intentamos realizar actividades innovadoras.
Resulta más realista y mentalmente más saludable alternar entre períodos de concentración y momentos de desconexión, ya que durante esos lapsos de relajación mental nuestro cerebro establece conexiones creativas de manera natural y sin esfuerzo.
Seguro que te has encontrado con una idea brillante para un proyecto mientras te duchabas o daba un paseo, ¿verdad? Durante esos momentos de desconexión, los caminos mentales que parecían bloqueados durante la concentración repentinamente se despejan, y los problemas que antes parecían insolubles de repente se vuelven más simples.
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Por lo tanto, en lugar de forzar a tu cerebro a estar enfocado constantemente en una tarea tras otra, permítele relajarse y divagar después de periodos de productividad. Por ejemplo, esto se puede lograr combinando paseos, recados, tareas domésticas y entretenimiento, como leer un blog durante la pausa del trabajo.
El trabajo creativo y exigente conlleva una serie de implicaciones mentales y emocionales, incluida la decepción, la incertidumbre y la frustración. Si esperas mantenerte en un estado de alta productividad constantemente, evitarás asumir trabajos que te desafíen y requieran periodos de recuperación mental. Atrévete a enfrentar escenarios diferentes en tu día a día, para que amplíes tu zona de acción.