In memoriam | Alfy Fanjul, el Rey del azúcar
El empresario y magnate cubano-estadounidense, de 89 años, presidente de Central Romana y Casa de Campo, falleció en Cleveland, Ohio y deja un legado que trasciende el tiempo en República Dominicana y Estados Unidos.
Foto: Alfonso “Alfy” Fanjul, empresario azucarero y copropietario de Central Romana, falleció en Cleveland, Ohio. Su legado marcó más de cuatro décadas de expansión en la agroindustria, el turismo y el desarrollo inmobiliario en República Dominicana y Estados Unidos.
Alfonso Fanjul, conocido cariñosamente como don «Alfy» , fue el hombre que convirtió la caña de azúcar en un imperio de alcance mundial y que transformó una franja de tierra en el este dominicano en uno de los destinos turísticos más exclusivos del Caribe.
Con su muerte, se cierra el capítulo final de una de las historias empresariales más singulares del último siglo: la de una familia que perdió todo en Cuba tras la Revolución de 1959 y que, desde el exilio en Florida, construyó de nuevo un imperio azucarero que hoy opera en más de 60 países.
Fanjul fue, ante todo, un hombre de la tierra y del trabajo, heredero de una tradición centenaria que aprendió de niño y que nunca abandonó, incluso en la cima de su fortuna.

Su nombre quedó indisolublemente unido a República Dominicana desde 1984, cuando junto a su hermano José «Pepe» Fanjul adquirió Central Romana Corporation y con ella Casa de Campo. Ese momento, que él mismo describió como «el retorno de los Fanjul al Caribe», marcó el inicio de cuatro décadas de inversión, empleo y desarrollo en la Región Este del país, y selló para siempre su lugar en la historia empresarial dominicana.
Don «Alfy» a través de revista Mercado
La trayectoria del “Sugar King” quedó documentada de manera privilegiada a través de las páginas de revista Mercado a lo largo de más de dos décadas.
Aquel vínculo entre Fanjul y Mercado no se ha quedado plasmado únicamente en las páginas impresas. Cuando la revista cumplió 15 años, en marzo de 2009, con motivo de la premiación a las “Empresas Más Admiradas”, Mercado organizó un acto solemne en el Palacio de Bellas Artes de Santo Domingo para celebrar aquella fecha, y eligió a Don “Alfy” como el empresario internacional que más había aportado por el desarrollo de República Dominicana, razón por la cual fue homenajeado.
Patricia De Moya, presidenta y editora en jefe de Mercado Media Network, y el entonces Presidente de la República, Leonel Fernández, le entregaron un reconocimiento ante un salón que lo recibió de pie.

Don “Alfy”, fiel a su perfil discreto, que sus propios colaboradores describían como «afable, apacible y cordial», tomó el micrófono y dedicó unas palabras a los asistentes, sin el boato que suele acompañar a hombres de su magnitud empresarial.
En junio de 2003, la revista lo llevó por primera vez a su portada bajo el título «El Hombre del Azúcar», en una entrevista exclusiva realizada en la biblioteca de «Casa Grande», su residencia en Casa de Campo. En ella se narró por primera vez para el público dominicano la historia de la familia Fanjul, su exilio de Cuba y su llegada a República Dominicana.
Catorce años después de aquella primera portada, en septiembre de 2017, Mercado dedicó su edición del Power Issue a Fanjul con la portada «La vanguardia de un imperio», coincidiendo con sus 80 años de vida.

En esa entrevista, realizada en Casa de Campo, Fanjul habló con inusual franqueza sobre la sucesión empresarial, la responsabilidad del poder y su relación con Cuba, y presentó a la tercera generación familiar que empezaba a asumir posiciones de liderazgo en el grupo.
La revista volvió sobre su figura en septiembre de 2020, dentro de un perfil dedicado a Central Romana, bajo la frase que resume su filosofía sobre la sucesión: «La transferencia del poder es buena para la empresa».
En septiembre de 2021, Mercado incluyó a la familia Fanjul en su ranking «The International Family List», entre las sagas empresariales más influyentes de la región. Y en septiembre de 2025, ya al frente de un consejo directivo que compartía protagonismo con la nueva generación, Fanjul apareció en el especial «Lo que el viento nos legó», un homenaje a los pioneros extranjeros que eligieron a República Dominicana como su segundo hogar, bajo el título «Cultivador de caña e imperios».
Los orígenes, de la Habana al exilio en Florida
La historia de “Alfy” Fanjul empieza en La Habana, Cuba, dentro de la aristocracia azucarera cubana. Su familia, de ascendencia asturiana, llevaba siglo y medio en la isla cuando la Revolución de Fidel Castro lo cambió todo.
«Lo perdimos todo», contó el propio Fanjul a revista Mercado en 2017, al recordar el momento en que un guerrillero desplegó en la vivienda familiar un mapa con sus propiedades y sentenció: «Todo esto ahora es nuestro. ¡Todo!».
Su padre, Alfonso Fanjul Sr., no se rindió. En 1960, junto a “Alfy”, adquirió tierras cerca del lago Okeechobee y las acciones de tres pequeños molinos en Luisiana, que reconvirtió en el ingenio Osceola, primera piedra de lo que hoy es Fanjul Corporation.
Un año después fundaron Florida Crystals, con sede en Palm Beach. «El primer año, en 1961, nos fue muy bien, ganamos US$1 millón. El año siguiente vino una helada y sobrevivimos de milagro», recordó Fanjul en aquella entrevista.
La disciplina y la reinversión constante hicieron el resto: poco a poco, la empresa familiar creció hasta convertirse en la tercera compañía privada más grande de Florida.
Tras la muerte de su padre en 1980, “Alfy” y Pepe Fanjul tomaron las riendas del negocio. Nunca dejaron de mirar hacia el Caribe, la región que los había formado y que, según confesó el propio empresario, siempre añoró: el olor de la tierra, la brisa del mar, la calidez de la gente.
Central Romana y Casa de Campo, el regreso al Caribe
La llegada de los Fanjul a República Dominicana no fue un plan trazado desde el inicio, sino una condición impuesta en una negociación. En 1981, Fanjul negoció con Martin Davis, presidente de Gulf & Western, la compra de unas plantaciones azucareras en Florida. Davis le puso una condición inesperada: comprar también Central Romana Corporation, en La Romana. Tres años más tarde, en 1984, se cerró el acuerdo.
Lo que encontraron los Fanjul distó mucho de un negocio boyante. «Lo que encontramos acá era un desastre y había mucha incertidumbre entre los empleados sobre su futuro», relató Fanjul en una entrevista con Mercado en 2003.
El precio internacional del azúcar estaba por el suelo y la relación entre Gulf & Western y el gobierno dominicano era, en sus palabras, una guerra de cartas «totalmente fuera de mi cultura».
Junto a sus socios locales emprendió la tarea de estabilizar la empresa, negociar con el Estado dominicano y sentar las bases de un crecimiento que se extendería por más de 40 años.
Bajo su liderazgo, Central Romana se convirtió en la mayor empresa agroindustrial y turística de República Dominicana y en el principal empleador privado del país, con una nómina que llegó a superar las 30,000 personas.
La compañía diversificó su actividad hacia la ganadería, la producción de materiales de construcción, la operación portuaria y aeroportuaria, y sobre todo el turismo, con Casa de Campo como su obra más visible: un complejo con más de 1,500 residencias de lujo, cinco campos de golf, un aeropuerto internacional y un puerto de cruceros.
Bajo su presidencia del Grupo Central Romana, la corporación invirtió más de US$1,500 millones en el país desde la adquisición original de 1984, valorada entonces en unos US$240 millones.
Fanjul solía resumir su filosofía empresarial con una frase que repitió en distintas entrevistas a lo largo de los años: «La clave en la vida es saber convencer. Yo prefiero dedicarle más tiempo a convencer a alguien de lo que hay que hacer, que dar una orden autocrática».
Esa manera de entender el poder, dijo también, exigía una contrapartida: «Para tener liderazgo o poder debes asentar la responsabilidad que va con ella, y para tener legitimidad es necesario respeto, moral, virtud y honradez».
Un imperio sin fronteras
Aunque su apellido se convirtió en sinónimo de azúcar, el alcance de sus negocios excedió por mucho ese sector. Fanjul Corporation, la empresa matriz que dirigió junto a su hermano Pepe desde Palm Beach, llegó a operar en Belice, México, Canadá, Reino Unido, Portugal, Italia y Alemania, además de Estados Unidos y República Dominicana.
Sus marcas: Domino, C&H, Redpath, Tate & Lyle, Sidul y Florida Crystals, dominan buena parte del mercado azucarero de Norteamérica y Europa.
En Estados Unidos, Fanjul llegó a ser considerado uno de los empresarios cubanoamericanos más influyentes, con peso reconocido en los círculos políticos, empresariales y cívicos de Florida.
Su activismo comunitario se canalizó, entre otras vías, a través de New Hope Charities, entidad que fundó junto a sus hermanos para financiar salud y educación en comunidades de bajos ingresos de Palm Beach. Como exiliado cubano, mantuvo hasta el final una postura crítica hacia el régimen de La Habana y participó en gestiones de diálogo entre Washington y Cuba a través del centro de estudios Brookings Institution, siempre con la esperanza, según dijo, de ver una Cuba democrática antes de morir.
En República Dominicana, la huella social de la familia Fanjul se extendió más allá de la actividad productiva. Central Romana construyó más de 4,500 viviendas en 25 años, sostiene 64 escuelas para más de 11,000 estudiantes y levantó un hospital y una red de centros médicos que atienden de forma gratuita a decenas de miles de personas en la Región Este. Su hermana, Lian Fanjul, canalizó buena parte de esa vocación social a través de la Fundación MIR, que ha formado a miles de jóvenes en La Romana.
El legado y la sucesión
En 2024, coincidiendo con el 40 aniversario de la compra de Central Romana, Fanjul cedió formalmente el liderazgo operativo de la azucarera a la tercera generación familiar, encabezada por su sobrino Pepe Fanjul Jr., presidente ejecutivo de Central Romana. Lo hizo, según explicó en más de una entrevista, por convicción y no por obligación: «Nosotros estamos determinados a transferir el poder y la autoridad, para que la empresa siga funcionando. No puedes tener una sin la otra».

Esa transición estuvo acompañada por un equipo que incluye a su yerno Luis Fernández, a Eduardo Martínez-Lima Jr. y a Leonardo Matos, además de Crista Ryan al frente de las operaciones inmobiliarias de Casa de Campo. La estructura que Fanjul dejó en pie combina la memoria de los fundadores (su hermano Pepe, sus socios dominicanos Ramón Menéndez, Carlos Morales Troncoso y Eduardo Martínez Lima) con una generación más joven formada, según su propia exigencia, con experiencia previa fuera de la empresa familiar.
Fanjul deja un legado que se mide en cifras, más de 30,000 empleos directos, un siglo de producción azucarera ininterrumpida, miles de viviendas y escuelas construidas, pero también en algo más difícil de cuantificar: la confianza de haber demostrado que un negocio nacido de la pérdida y el exilio podía convertirse, dos generaciones después, en uno de los pilares económicos de la Región Este de República Dominicana.
«Un hombre con trabajo es un hombre tranquilo», solía repetir. Esa frase, tan sencilla como la vida que la inspiró, resume mejor que cualquier balance financiero la huella que deja Alfonso «Alfy» Fanjul en el Caribe, en Estados Unidos y en la memoria de quienes hoy conmemoran su legado y despiden su partida.
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