Gianni Infantino: el arquitecto de un fútbol globalizado
Cuando Gianni Infantino asumió la presidencia de la FIFA en febrero de 2016, el fútbol mundial estaba sumido en una tormenta de credibilidad. Los escándalos de corrupción que habían derrumbado la era de Joseph Blatter habían dejado a la institución al borde del colapso. Infantino, un abogado ítalo-suizo que hasta entonces se desempeñaba como secretario general de la UEFA, emergió como un candidato de consenso, alguien capaz de ofrecer reformas, transparencia y un nuevo rumbo. Diez años después, su figura se ha convertido en sinónimo de expansión, espectáculo y controversia. Su gestión ha marcado el rumbo del fútbol mundial, conjugando intereses deportivos, económicos y políticos, y culmina con la celebración del Mundial más grande de la historia en Estados Unidos, México y Canadá en 2026.
Infantino se presentó desde el inicio como un dirigente pragmático, con un discurso que apelaba a la unidad: “hemos devuelto el fútbol a la FIFA y la FIFA al fútbol”. Esa frase, repetida en múltiples foros, resume su estrategia de legitimación. Pero detrás de la retórica se esconde un estilo que combina al tecnócrata obsesionado con la gobernanza y el showman que entiende el fútbol como espectáculo global. En Davos, por ejemplo, lanzó el balón oficial del Mundial a los asistentes y bromeó con que 104 partidos en un mes serían “104 Super Bowls”. Ese lenguaje, a medio camino entre el deporte y los negocios, refleja su capacidad para vender el fútbol como producto universal.
Gianni Infantino: el arquitecto de un fútbol globalizado
Cuando Gianni Infantino asumió la presidencia de la FIFA en febrero de 2016, el fútbol mundial estaba sumido en una tormenta de credibilidad. Los escándalos de corrupción que habían derrumbado la era de Joseph Blatter habían dejado a la institución al borde del colapso. Infantino, un abogado ítalo-suizo que hasta entonces se desempeñaba como secretario general de la UEFA, emergió como un candidato de consenso, alguien capaz de ofrecer reformas, transparencia y un nuevo rumbo. Diez años después, su figura se ha convertido en sinónimo de expansión, espectáculo y controversia. Su gestión ha marcado el rumbo del fútbol mundial, conjugando intereses deportivos, económicos y políticos, y culmina con la celebración del Mundial más grande de la historia en Estados Unidos, México y Canadá en 2026.
Infantino se presentó desde el inicio como un dirigente pragmático, con un discurso que apelaba a la unidad: “hemos devuelto el fútbol a la FIFA y la FIFA al fútbol”. Esa frase, repetida en múltiples foros, resume su estrategia de legitimación. Pero detrás de la retórica se esconde un estilo que combina al tecnócrata obsesionado con la gobernanza y el showman que entiende el fútbol como espectáculo global. En Davos, por ejemplo, lanzó el balón oficial del Mundial a los asistentes y bromeó con que 104 partidos en un mes serían “104 Super Bowls”. Ese lenguaje, a medio camino entre el deporte y los negocios, refleja su capacidad para vender el fútbol como producto universal.
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