Desde su llegada al Instituto Nacional de Aguas Potables y Alcantarillados (INAPA), la gestión actual ha estado enfocada en resultados medibles, planificación técnica y sostenibilidad financiera. La institución, que durante décadas enfrentó rezagos estructurales, baja cobertura en comunidades rurales y deficiencias en la continuidad del servicio, se encuentra hoy en un proceso de transformación profunda. El agua potable y el saneamiento han dejado de ser vistos únicamente como servicios básicos para convertirse en ejes estratégicos de desarrollo nacional, vinculados directamente con la salud pública, la competitividad económica y la cohesión social.
El nuevo liderazgo asumió con la convicción de que el agua debía colocarse en el centro de la agenda nacional. Para ello, se inició un diagnóstico exhaustivo que permitió conocer con precisión el estado de cada sistema, identificar las debilidades más críticas y diseñar un Plan de Rescate Nacional. Este plan priorizó la reactivación de infraestructuras fuera de servicio, la ampliación de cobertura en zonas históricamente marginadas y la modernización de procesos internos. La gestión se propuso demostrar que los cambios podían medirse en resultados tangibles: millones de personas incorporadas al servicio formal, continuidad mejorada en sistemas intermitentes y un equilibrio inédito entre inversión en agua potable y saneamiento.
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